“Enseña Chile” es un proyecto que busca brindar apoyo a escuelas en vulnerabilidad social, asignándoles a profesionales de carreras no pedagógicas el título de profesores, siguiendo el popular modelo estadounidense “Teach for America”. Según el lineamiento del proyecto, para ser un buen profesor hay que tener tres características: tener conocimiento sobre el objeto de estudio, capacidad de liderazgo y motivación. ¿Es esto todo lo que se necesita para estar en una sala de clases? ¿Dónde quedan los dos años de estudio que se requieren para tener el título de Profesor en Educación Media? ¿Dónde quedan los cinco años de estudio para ejercer como profesora de Educación Básica?
En esta discusión existe un problema de base. Los profesores de educación general básica, a lo largo de cinco años, analizan y comprenden cómo funciona la mente del niño(a) en cada etapa de su desarrollo, adquieren conocimientos de cada área académica, conocen y comparan metodologías de enseñanza, aprenden los conflictos más significativos que tiene los niños(as) al enfrentarse a una tarea determinada (en cada área de estudio específica) y sobre todo, indagan sobre la emocionalidad involucrada en el desarrollo infantil y juvenil, la cual permea las demás áreas del ser humano. En el caso de un Ingeniero Comercial realizando clases de matemáticas en un octavo básico, ocurre lo siguiente: este profesional ha estudiado cinco años un campo específico del conocimiento y quizá lo maneja a la perfección, e incluso tiene más conocimientos que un profesor respecto al tema, pero no tiene los conocimientos específicos de pedagogía. No sabe lo que implica la transposición didáctica, la construcción del conocimiento, las etapas evolutivas de Jean Piaget, la teoría de Vigotsky, etc. En fin, no tiene conocimientos específicos en el área educativa.
Además de este problema, existe otro conflicto, el cual tiene raíces en el concepto más profundo de lo implica educación. Los llamados “expertos en educación” o aquellos profesores, psicólogos, sociólogos, lingüistas, etc. que han tratado de aproximarse a un concepto llegan a la conclusión que el ejercicio pedagógico implica la mente, la emocionalidad y el cuerpo del ser humano. Según Rudolf Steiner, educar significa: “concentrarnos en la mente, el corazón y las manos”. El proyecto “Enseña Chile” no cubre las necesidades de educar a futuros docentes en forma integral, es decir, con cuatro semanas de entrenamiento es imposible alcanzar este propósito. Y a su vez, es fundamental poder lograr que el conocimiento se construya en las mentes de los niños(as), que sean partícipes activos en su desarrollo. Sin los conocimientos necesarios para lograr este fin, no veo como profesionales de otras áreas puedan lograrlo.
Por otro lado, lo que tiene un profesional, que no tenga un profesor, es la gran experticia en un área no pedagógica. Sin duda un pedagogo no tiene el amplio conocimiento que puede tener un médico en el área biológica o un periodista en lenguaje y comunicación. La sociedad que estamos construyendo se maneja con la cantidad de información que se puede retener, y ciertas habilidades mínimas. La PSU funciona de esta forma, mientras más conocimientos y habilidades se manejen sobre los campos del saber, que todos conocemos, mejores resultados se obtienen. Por ende, los “profesores” que prepara “Enseña Chile” estarían capacitados para enseñar en estos términos.
Para la sociedad actual lo que importa es crear estudiantes preparados para enfrentar el mundo laboral y crear profesores que pueden cumplir esta meta. ¿En dónde quedó el educar personas integrales que sepan enfrentarse al mundo desde múltiples enfoques? ¿Queremos seguir creando máquinas para el trabajo? Debemos plantearnos grandes metas, la sociedad debe buscar desarrollar personas, y no solo mentes. Educar las emociones, la expresión y la interdisciplinariedad, y para lograr esto, empezar por otorgarle a quien merece el título de profesor.
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